La mayoría de las empresas buscan –y más, en la situación actual- cómo reducir costes o cambiar su estructura de costes fijos a variables, para conseguir una mayor flexibilidad y competitividad.
Hoy en día, la gran expansión de Internet y de las redes de alta velocidad han hecho posible que se eviten muchos desplazamientos innecesarios, el teletrabajo es mucho más factible, y trabajar en equipo, aun estando a miles de kilómetros, ya no es una utopía.
No obstante, la mejora de las comunicaciones ha hecho posible otros tipos de colaboración, como las redes sociales, en las que cualquiera puede participar, realizar cualquier pregunta o solicitar ayuda en la red, y recibirla de forma desinteresada.
Otra posibilidad son las plataformas de colaboración, como lo es Cloud Consulting, que no sólo es en sí mismo un ejemplo de estas posibilidades de cooperación, ya que está formada por profesionales de muy diversos lugares, sino que la propuesta que articula a través de la metodología Cloud Thinking ofrece a las empresas y organizaciones la posibilidad de adecuar sus estrategias y procesos a través de la tecnología en Intenet.
Como bien dice Amalio Rey, la gente participa en proyectos 2.0 o en las redes sociales por diversas razones: por altruismo, por motivos lúdicos, por socializar o sentirse integrado en un grupo, por reputación, o buscando obtener de alguna manera un beneficio económico (que también puede estar relacionado con lo de la reputación).
Hay empresas que han llegado un paso más allá. Si a través del outsourcing o externalización, las empresas buscan reducir sus costes fijos subcontratando diversas funciones, el crowdsourcing persigue este mismo objetivo, pero en lugar de subcontratar servicios busca quien los haga gratis o por un coste reducido.
En un principio, puede parecer chocante, pero no lo es en absoluto. Los que participamos de alguna manera en el mundo 2.0, sabemos que –como se ha comentado anteriormente- en las redes sociales se presta mucha ayuda de forma altruista.
Algunas empresas han encontrado la forma de sacarle partido. Por ejemplo, cuando Linus Torvalds decidió desarrollar el Linux, lo hizo mediante código abierto, de manera que cualquier programador podía participar en su desarrollo. Esto le permitió mejorar rápidamente, hasta convertirse en competencia del todopoderoso Windows.
Linux no sería propiamente un ejemplo de Crowdsourcing, puesto que Linus Torvalds no lo hizo para beneficiarse directamente, pero sí hay muchas empresas que se benefician de su sistema.
En la excelente página de José Francisco Alfaya podemos ver diversas muestras de Crowdsourcing; citaré aquí el ejemplo de Last FM, que posee “una excelsa capacidad de realizar recomendaciones al usuario valiéndose del historial del mismo. ¿Cómo? Por analogía: si a este usuario le gusta X y a estos otros 1000 usuarios a los que les gusta X también les gusta Z, es probable que al usuario en cuestión le guste Z también.
Pero… al margen del soporte lógico, ¿cómo clasifica Last FM el ingente catálogo musical que pone a disposición de sus usuarios? Pues mediante etiquetas que asignan los propios usuarios. Y si hay algo que está claro es que… ¡funciona! Y no sólo eso, sino que la información sobre los artistas es un wiki alimentado también por los usuarios.”
En otros casos, hay empresas de software que proporcionan foros y centros de ayuda al usuario en los cuales participan miles de personas, que ayudan a otras a resolver sus problemas de manera desinteresada (con el consiguiente ahorro en servicio técnico para la compañía en cuestión).
O por ejemplo, la potente multinacional Procter and Gamble, que a pesar de contar con más de 9.000 científicos e investigadores en su departamento de I+D, tiene muchos problemas que no pueden solucionar, por lo cual ha creado el portal InnoCentive, que ofrece incentivos a más de 90.000 "solucionadores" (que, a su vez, tienen una red de científicos de apoyo).
Hola Pablo:
ResponderSuprimirAntes se decía que en Internet se encontraba todo. Ahora en Internet está todo al ser más participativa que nunca. El consumidor está dispuesto a participar de la marca, opinar de ella y, lo más curioso, hacer una investigación de mercado casi gratis. Esto mismo ocurre, de alguna manera con los profesionales que intercambian sus opiniones y conocimientos. Pero no creo que sea altruista, sino más bien se trata de dar y recibir,aunque sea feed back, lo que sin duda ayuda al desarrollo personal y profesional.
Un abrazo
Hola, Fernando, qué alegría verte por aquí también ;-)
ResponderSuprimirEs un excelente apunte el que haces, aun en el caso de que se dé aparentemente sin ninguna contraprestación, el feedback que se recibe y todo lo que se aprende en la interacción con los demás... eso, como dice el anuncio, no se compra con dinero, no tiene precio.
Un abrazo
Pablo
A mi me gusta la parte de "desenmascaramiento" de empresas que dicen estar muy orientadas al cliente y luego los hechos lo desmienten.
ResponderSuprimirHasta hace poco los clientes solo podían desgañitarse en una conversación privada por teléfono o meterse en la vorágine burocrática de la oficina del consumidor, pero ahora puedes dar a tus proveedores generosamente todo el feedback que se merecen a la vista del mundo, por ejemplo, en twitter.
Seguro que ésto va a ayudar a que tengamos mejores empresas.
Hola Pablo,
ResponderSuprimirNo hay duda de que el crowdsourcing es un fenómeno que los avances tecnológicos han "redescubierto" y puesto al alcance de todos. Considerando la creciente "socialización" de la red no es muy arriesgado vaticinar que irá ganando aún más importancia en el futuro.
Y, claro está, ¡muchas gracias por la referencia!
Hola Pablo,
ResponderSuprimirMi percepción es que las empresas que mejor entiendan este paradigma tendrán ventaja competitiva.
EL problema es gestionar, hoy, la sensación de pérdida de control (que se transfiere a los clientes).
Un saludo,
Jaime